¿Por qué apostar y comprometerse con el trabajo social relacional?

El Trabajo Social es el arte de generar vínculos, la perspectiva relacional es la esencia de nuestra profesión y disciplina, pues es en la fuerza de los vínculos donde se manifiesta el sentido y la necesidad de un Trabajo Social critico que apuesta por la transformación social, un Trabajo Social comprometido con la construcción de conocimiento y de relaciones y entornos más humanos y humanizadores.

Este congreso nace con la ilusión y el compromiso de co construir un espacio reflexivo y relacional para compartir desde distintas perspectivas y distintos espacios profesionales (universidad, servicios sociales, tercer sector…) visiones, relatos y experiencias que pongan en valor la fuerza de los vínculos relacionales como esencia del Trabajo Social. Porque estamos convencidas que de la sinergia de todas estas experiencias, conceptualizaciones y miradas, el Trabajo Social relacional va a salir fortalecido desde su vertiente epistemológica y también práctica.

Poner en valor la fuerza de las relaciones en la práctica y en la propia conceptualización del Trabajo Social es una de sus señas de identidad, pues el Trabajo Social adquiere sentido en la tarea de acompañar procesos de vinculación personal y social y en la apuesta comprometida por construir y tejer relaciones y entornos más humanos.

Recuperar la fuerza del Trabajo Social relacional significa volver en parte a sus raíces y superar las ataduras y la despersonalización de la burocracia y de los procedimientos, significa reconocernos como especialistas en acompañar procesos de acompañamiento psicosocial y de empoderamiento.

Desde el Trabajo Social esta perspectiva relacional adquiere una dimensión compleja y multidimensional incidiendo e implicando de manera transversal a diferentes espacios, tales como los niveles individual/familiar, comunitarios y organizacionales.

Hablar de Trabajo Social relacional significa también guiarnos en nuestro ejercicio profesional por conceptos y perspectivas más positivas y dinámicas, supone no poner la mirada únicamente en los aspectos disfuncionales o patológicos, e ir construyendo y tejiendo vínculos en los que los sujetos se sientan a la vez que acompañados, artífices de su propio proyecto vital y no meros receptores pasivos de recursos o de intervenciones programadas de manera impersonal y procedimentada.

Así poner en valor el Trabajo Social relacional tal y como plantea Silvia Navarro en su texto De como Robinson Crusoe (re)descubrió a Viernes, (2011)

“nos empuja a hablar de: alteridad, actores y sujetos sociales, redes sociales, apoyo social, ayuda mutua, capital social, oportunidades vitales, vínculos y complicidades comunitarias, desarrollo humano, competencias, potenciación o empoderamiento, resiliencia, cambio, conflicto, diversidad, narrativas, creatividad social, reflexividad, sinergias, transversalidad, etc., etc., nos estimula no sólo a construir nuevos y apasionantes relatos sobre lo social, sino también y ante todo, a experimentar y revisar nuestras prácticas para reforzar la función transformadora de éstas”.